
Cuando uno está triste, cuando la ansiedad y el temor reptan por la piel, hay que agarrar la espada y matar a esos dragones de la tristeza y el miedo, que no son más que representaciones de nuestras sombras interiores. Hasta los duendes más traviesos son capaces de acabar con sus dragones, como veis en la imagen (juas).
